COINCIDIR CON LA DIRECCIÓN DEL VIENTO

Se me ocurre que la paz no existe, que es sólo otra excusa para ponernos a hacer yoga, meditación, comer saludablemente y para evitar caer en los mismos errores; se me ocurre que es una excelente utopía que enseñar en las escuelas de filosofía y que sería un buen tema en la iglesia para que nadie se duerma.

Pero la paz, se encuentra muy escondida, casi recóndita en cada día,  paciente en espera de que alguien la busque, porque ella no se entromete en asuntos humanos. Ellos (los humanos) son los que deben ir a su encuentro, obteniendo como recompensa el final del camino que ansiosos corremos, disolvemos y desgastamos.

Ella se encuentra en una frase sincera, en un atardecer multicolor donde los enamorados creen saber la respuesta; en la rapidez de la rutina donde nos enajenamos en nuestros pensamientos y de repente nos damos cuenta de qué somos y  de lo que hemos logrado; la encontramos al despertar y damos el primer respiro consciente del amanecer, en un buen día con sorpresas o largas caminatas.

La paz, se halla en lo efímero, en lo bello y hasta a veces mundano, (“Si algo hermoso tuviera que permanecer igual toda la eternidad, yo me alegraría, sí, pero lo miraría con más frialdad y pensaría: eso puedes verlo siempre; no tiene por qué ser hoy. Pero lo que es perecedero y no permanece igual lo contemplo ahora y con algo más que la pura alegría, también con un poco de pena.”  HERMANN HESSE ); mundano como una sonrisa, soplar los pétalos de una flor o la sabiduría ocasional de un desconocido, en sentir la piel del viento que saluda para después despedirse; en la amistad que constante como el agua que a pesar de su inmensidad nos muestra la claridad y hasta a veces lo más profundo de nosotros mismos, o simplemente cuando sabemos que por unos instantes no necesitamos más que ese momento en el que vivimos para después dejarlo morir y trascender para regresar a la aventura; porque de búsqueda se trata la vida, de tener  insatisfacción; seguir teniendo sed y arriesgarnos en medio del desierto frente a un espejismo; el cuál jamás logramos alcanzar.

No podemos decir que la paz es felicidad, pero siempre es interesante encontrar la asertividad en lo que decimos, tampoco decir que ella que es tan compartida se encuentra en cada uno de nosotros, pienso que debe costarnos trabajo al menos darnos cuenta de dónde se halla para valorarla y saber que, después de hacer yoga, saber respirar y dejar las utopías como sueños y no más, podemos saborear la vida y como encontraremos un espacio para ella, la sencilla y aterciopelada PAZ.

Distinta Alegoria. (Derechos Reservados)

(Texto: Vainilla Azul / Ilustración: Solar Distinto)

Tragos de Orgullo

Deja despedirme de ti lentamente, hoy tal vez con un abrazo, mañana con mi más sincero beso lleno de palabras que nunca pudieron salir, después mi última mirada, de aquellas que siempre me delataba y para terminar la semana déjame cerrar este pacto de olvido convirtiéndome en tu leal oyente. Una semana, sólo eso necesito para desencantarme de ti y de las razones interminables por las que me enamore o al menos eso quise creer. A falta de fin de semana, déjame poseerte, entender que tienes razón y que lo mejor es no intentar más estrategias para que sepas lo que significas, dejarte en  tu feliz ignorancia sufriendo por aquello que tienes cercano y dejas ir.

Después seremos un “hubiera o un tal vez” en la vida del otro o al menos eso serás en la mía. Repetirme hasta el cansancio que de verdad jamás funcionaría y que tú no lo intentaste, no por miedo a fracasar, si no por no querer esforzarte, para dar lo mejor; no me engañes: no temes herirme, temes no quererme. ¡Lástima! yo apostaba tanto por esto, no quisiste beberte el frasco de felicidad conmigo, pero yo lo beberé con o sin ti.

Distinta Alegoria. (Derechos Reservados)

(Texto: Vainilla Azul / Ilustración: Teal Light)

“Viejos vástagos en el horizonte”

– No temas, aquí estaré a tu lado – dijo el joven, una tarde de verano.

Ya habían pasado 65 años desde aquellas emotivas palabras que él joven le dijo a su amada. Esta emotiva pareja que se conocía prácticamente desde adolescentes, prometieron quererse toda la vida. Ellos aun recuerdan cuando se conocieron, una tarde de otoño la cual estaría marcada por sucesos que cambiarían la historia de su país.

Ella, hija de aristócratas, y él, hijo de trabajadores explotados; lo único que se recuerda de ese día fue un desencadenamiento social en contra del Zar. Él, con tan solo 17 años iba a ser participe de un movimiento que cambiaría su natal Rusia, ella, un año menor que él, veía la decadencia de un gobierno que había perdido la confianza de la gente.

No recuerdo la ciudad, pero estoy seguro de que no era San Petersburgo. Él, con pancartas rojas pidiendo la destitución del Zar; ella, contemplando desde el balcón del cuarto de sus padres quienes pretendían salir del país a toda costa si es que la marejada roja no los detenía antes y los pondría ante el paredón. De repente, al manifestarse ante el palacio de gobierno de aquella ciudad ella salió a contemplar la marea roja que estaba ahí, él por su parte, quedó frío al verla por primera vez, nunca había visto semejante belleza,  como si se encontrara en Siberia.

Aquella noche fría de principios de invierno sucedió lo inevitable, los bolcheviques asaltaron el palacio de gobierno, el gobernador asustado avisó a su familia y al comandante de la policía, pero ¡Oh, Sorpresa! éste se había unido a los bolcheviques.
Por su parte, el gobernador sabia por donde escapar, había mas de 3 pasadizos que daban a la calle de atrás y uno a donde se encontraban los coches. Rápidamente al escuchar la estruendosa multitud que se acercaba despertó a su familia, rápido ellos se vistieron con ropa de civiles para poder pasar desapercibidos entre la multitud, tomaron el pasadizo que llevaba para el coche, pero a mitad del camino se habían percatado de algo… olvidaron a Katerina, pero le habría convenido; ya próximos a cruzar la línea estatal, el cochero, quien había sido un espía, los entregó a los bolcheviques y murieron de la manera mas cruel que se pudieran imaginar.

Una vez que la multitud irrumpió en el palacio comenzaron los saqueos. Se quemaron esa noche retratos del Zar. En ese entonces mandaron a León a inspeccionar la tercera planta en busca del gobernador, pero no se encontraba, dedujo que probablemente se encontrarían en la habitación de la hija agazapados por el miedo hacia la multitud que irrumpía en el palacio; pero lo único que encontró fue a la pequeña Katerina llorando de miedo. Él caballerosamente le preguntó su nombre, pero ella se reusó a hablar con él, sino hasta el momento en que se empezaron a escuchar pasos que denotaban a 4 hombres cargando armas. entonces fue cuando el le dijo: -por favor, dime tu nombre, yo te puedo ayudar- ella de repente accedió a contestarle: -me llamo Katerina- nunca León había escuchado una voz tan dulce como aquella, tanto que quedó hipnotizado. Tardó unos instantes en volver en si, recordó que aquellos hombres se acercaban, fue cuando le dijo León: – vente, vámonos antes de que te hagan algo- pero no tenia qué ponerse Katerina, de momento recordó donde estaban las ropas que le había dado su padre. Tan rápido como se cambió de ropa, los dos salieron por un pasadizo que daba hacia el callejón. Ella sentía que se le venia el mundo, no sabía que se habían hecho sus padres y sus hermanos. A los pocos días, se enteró de su trágica muerte a manos de los bolcheviques.

Pasaron cinco años, el régimen actual prometía mucho, pero tenia sus debilidades, pareciera que a lo que quisieron vencer desaparecerían, pero se convergieron. Katerina tuvo que luchar por su existencia, con tal de sobrevivir trabajo de empleada doméstica en la casa donde ella solía vivir, que ahora pertenecía al líder del partido de aquella ciudad. Tuvo que reinventarse, cambiarse de nombre, por que corrían rumores entre los miembros del partido de que la hija del gobernador quedaba viva. De León sabia muy poco, lo último que supo fue que se volvió militar y estaba emplazado en Leningrado en esos días, cerca de una vasta ciudad petrolera. Pocas veces se escribían, hasta que un día de la nada éste le dejó de escribir, cosa que a Katerina le dolió bastante, debido a que pensó lo peor.

Un día de repente León llegó al pueblo, casi irreconocible (con barba y las ropas rasgadas), el motivo: fue cautivo por unos rebeldes. Llegó con las ansias de saludar a sus padres, pero se encontró con una desagradable sorpresa: sus padres habían fallecido, las causas no se saben. Tirado en el desconsuelo entró a su casa buscando el vodka, ahora su único acompañante las penumbras de la noche. Al día siguiente, Katerina se enteró de la llegada de León y fue rápido a su casa para ver como se encontraba. Rápido León le explicó la situación de como se encontraba, y Katerina hizo lo mismo.

Pasaron unos meses, y empezaron los acosos por parte de la gente del partido hacia Katerina, al parecer pudieron dar con su verdadera personalidad, por consecuente le contó a León, y por ello decidieron abandonar el país. El día que pretendieron abandonarlo, un contingente del ejercito rojo se dirigía hacia aquella casa. Para pronto tomaron todo lo que pudieron y abandonaron la ciudad. Pasaron penumbras y hambre, pero lograron salir de aquella Rusia y Unión Soviética opresora, se casaron un 19 de febrero de 1924 en Berlín, Alemania, ahí nacieron sus hijos e hijas, hasta que un loco subió al poder y tuvieron que volver a emigrar ahora con rumbo a Portugal, el gobierno ruso dio por muerta Karetina y a León también. Los dos se volvieron escritores reconocidos, y fueron felices hasta el final de sus días.

Distinta Alegoria. (Derechos Reservados)

(Texto: DionysosLibest / Ilustración: Teal Light)

Un día limpio

Hoy escribiré algo diferente, algo que sólo salga de la mente y no del corazón, algo concreto y sin lamento, algo claro para este loco enredado, sacar los rasgos mas claros de mi entorno cómo el cielo en este mes de mayo, el brillo del sol ante y frente a mi ventana, el verde y creciente follaje de los árboles y en ellos el rítmico cantar de las aves, la calma y tranquilidad de las nubes sin pensar en nadie sólo en lo que mis ojos son capaces de captar sin buscar nada en concreto, me relajo al tiempo que despreocupo de todos los problemas de la sociedad que atormentan a los demás desdichados, por un no mejor futuro, el mañana que se acerca segundo a segundo pero eso hoy no importa, hoy importan otras cosas, hoy lo demás no tiene sentido para lograr existir, hoy solo hoy respiro y miro las alas que se reflejan en el viento que recorre mi cuerpo, sin murmurar nada, eso es hoy un día limpio y tranquilo con luz y vida, en el ambiente tan alegre y envolvente.

Distinta Alegoria. (Derechos Reservados)

(Texto / Ilustración: Ahora Kolor)

Quince para el meridiano

Como habíamos acordado, te vería en aquel parque al quince para el meridiano.

Desperté un poco antes de que el despertador sonara. Tomé mi caja de robusta caoba, la abrí y como esperándome saque mi navaja para afeitar, mi brocha y la crema. A ella le gusta tocar mis mejillas recién afeitadas y cuando me mira de frente con las manos en mis pómulos, con los ojos llenos de amor y esos labios rojos carnosos tan comestibles, no me queda otra alternativa que robarle un beso, que después (como e

n efecto domino) vienen más, y cada vez más húmedos. Después me mira, se muerde el labio inferior y de puntillas alcanza mi frente y me bautiza con un <<Te quiero>>.

Me unto vaselina y me pongo mi traje azul marino y me lanzo a nuestro encuentro. Al pasar por la plaza del pueblo le ayudo a abrir su local de flores a Doña Paz, una anciana reumática llena de vida. Me dice: -Te guarde los mejores lirios blancos para tu Dulcinea.-con una sonrisa ruborizada le pago y le murmuro:–Hoy llega. Hoy la veré.-con una sonrisa se pone el mantel y toma la escoba, señal que debo irme

Mis incautos pasos delatan cada vez más, metro a metro, mi emoción. Apresuro el paso como si lo único que se me incendiara fuera el corazón que suplica que lo apacigües con tus aguas, que clama luz después de noche de tormenta densa, que palpita lo suficientemente fuerte como para romper la barrera del sonido.

Son las quince pasadas del meridiano y sólo tengo unos lirios aburridos, un cabello amaestrado por la vaselina, unas mejillas lampiñas, un traje azul marino conjunto con zapatos negros de piel, tu notable retazo sin aviso y una hermosa vista desde la banca que aullando me pide que la comparta contigo.

A mi alrededor el sol se desparrama sobre el parque y se filtra a través de las ceibas que se mecen con el viento como una coreografía sin fin. Los niños corren con las manos al cielo tratando de elevar sus barriletes que los siguen como perros falderos, otros improvisan porterías con ramas y piedras y el balón es un envase viejo de plástico que guardaba celosamente leche. Las niñas (más delicadas) juegan en el arenal haciendo pastelillos de lodo que sirven cordialmente a sus invitados de felpa, y cada que pueden cuidan y limpian sus pomposos vestidos.

La humedad en el aire delata una lluvia nocturna, siento como cada instante me crece la barba, hay una energía alegré, contagiosa, todo brilla, hay mucho color. Es el día perfecto para morir. En el centro del parque hay una chica delgada, cabello recogido, gafas obscuras, que sopla burbujas de jabón que desde aquí las miro inquietas, alborotadas, aglomeradas y pienso ¿Qué no acaso nos parecemos a aquellas burbujas de la chica de las gafas? Todos nacemos del mismo modo, unos nacen con prisa, otros lentos, otros tienen su idéntico, otros con problemas que con el tiempo se disuelven. Unos vuelan muy muy alto hasta donde ya no los vemos, otros caen muy bajo, pero algunos logran levantarse y tomar el viento a favor y lograr un desplazamiento adecuado. Todos recorremos un espacio y un tiempo, el final es el mismo: acabamos por reventar, el secreto es saber moverse con el viento dentro de ese pequeño momento. La vida es un momento y lo demás no cuenta.

Si no soy yo el que te va a querer, entonces ¿Quién? Si no es hoy el momento para quererte, entonces ¿Cuándo? Si no es aquí el lugar para quererte, entonces ¿Dónde? Este momento quiero gastarlo contigo.

Desde tu partida puse las nubes a tu nombre, al obscurecer tu sombra es una extensión inmensa que me arrulla para no morir en soledad, la mesita de noche esta vacía sin tus flores, cuando ya la miro éstas me miran taciturnas preguntando por ti. Los pájaros ya no cantan su melodía al alba, las estrella se burlan de mi. Las promociones al dos por uno son solo gula, el significado de compartir es un: “Me sobró algo que ya no quiero”. Y ahí a lo lejos otra chica que se parece a ti pone en tela de juicio el recuerdo que tengo sobre tu apariencia.

Al agazaparme sobre la banca y al bostezar siento tus palmas cálidas que me envuelven los ojos, los parpados, huelo tu aroma a coco, vainilla y caribe. Rozas tus labios en mi oído y susurras <<Buenos días solecito>>  sonrío y me muerdes el lóbulo derecho. De un salto te sientas en mis piernas me miras de frente con las manos en mis pómulos recién afeitados y con esos ojos llenos de amor y esos labios rojos tan comestibles que no me dejas  otra alternativa que robarte un beso, pero te adelantas y me besas profundamente hasta llegar alas placas tectónicas y con lagrimas pido al cielo que ese instante dure una eternidad porque estoy feliz. Ya puedo morir Feliz.

Distinta Alegoria. (Derechos Reservados)

(Texto / Ilustración: Solar Distinto)

Verdades en la oscuridad

¿Cómo crear algo? Preguntan, y yo me lleno de pensamientos sin encontrar una respuesta real y certera. Quizás solo sea inspiración o algo a lo que no le podemos dar nombre.

Justo hoy siento inspiración fluyendo dentro mio; las ideas como choques eléctricos corriendo por mis venas, conceptos y palabras jugueteando en mi lengua, movimientos que aun mis manos no logran completar. 

Parece que esto de estar a media luz de una vela converge para que aquello que más se esconde en mi fluya como un pabilo que, incitado por la llama del arte arde lentamente y donde el fin de la luz es la culminación de una obra. “Habrá que desenvainar las espadas del texto” escuché decir alguna vez; siempre he creído que palabras son armas letales para quien sabe utilizarlas, un pincel es el mejor espejo del mundo para quien sepa observarlo y una nota es lo más sencillo o complejo si de música se trata. Basta con callar para entender lo más hermoso y ser capaz de crear el mundo por sí mismo.

Sólo pocas personas, en especial, aquellas llamadas “artistas” saben de lo que hablo, ellos pueden diferenciar la inspiración de la confusión irrevocable que es creada por algo tan inoportuna como el amor.

Una vela y una pluma, sólo eso necesito para crear un mundo; denme oscuridad y mostraré la verdad. Los momentos en los que la verdad llega son como apagones de luz, entonces la calma llega y el corazón piensa; es en ese momento en el que las chispas de inspiración se funden con el universo y aprendemos a ser más humanos.

Distinta Alegoria. (Derechos Reservados)

(Texto: Vainilla Azul / Ilustración: Solar Distinto)

Lluvia nocturna

Aquella tarde no paraba de llover, las gotas de la lluvia golpeaban fuertemente contra las ventanas, el viento soplaba y se colaba por debajo de las puertas, dejando sentir un poco el frio.

-¿Y bien?-preguntó él poniéndose de pie dirigiéndose hacía la joven que tomaba café sentada en uno de los sillones, ella lo miró por encima de la taza, pudo adivinar su pensamiento.

-Estamos atrapados aquí hasta que deje de llover, no podemos hacer más.-le respondió dejando la taza de café en la mesita.-Lo mejor que podemos hacer es pasar aquí la noche e irnos mañana por la mañana.-la joven vio su reloj y se puso de pie frente a la ventana.-Esta lluvia será de toda la noche.-cerró la cortina y se le quedo viendo a él, quien estaba parado a unos pasos mirándola con una sonrisa tímida en los labios y los ojos ocultos bajo el ala del sombrero.-¿Te has quedado mudo?-preguntó.

Él negó con la cabeza.-Por supuesto que no, solo pensaba alguna idea para que estemos seguros está noche.-

-Entonces ya tienes un plan.-

Sintió una oleada de nervios cuando ella se le acercó, hizo un gesto negativo.-Puede que nos estén siguiendo.-dijo por fin.-Deberíamos…

-La lluvia es fuerte y por estos lugares es peligroso andar bajo la lluvia, seguramente ése maldito estará varado en algún lugar.-repuso la joven apretando un poco los dientes y pronto sintió un miedo enorme.-

Él pudo adivinar lo que había pasado, la notó de un momento a otro asustada, sus facciones se habían tensado, el rostro que hasta hace unos minutos dibujaba una clara sonrisa ahora estaba inundado por incertidumbre. Sin pensarlo se acercó a ella y la rodeó con sus brazos, como queriéndole decir que él la protegería sin importar nada más. Ella le correspondió el abrazo, dejo escapar un par de lágrimas que rodaron por sus mejillas, recargo la cabeza sobre su pecho y cerro los ojos llorosos. Él tragó saliva, su corazón latía rápidamente, hubiera querido decirle todo lo que sentía, pero ese momento no era el indicado, al menos eso pensaba.-Te aseguro que no pasará nada.-le besó la frente con ternura, en un gesto automático le acarició el rostro.

Ella levantó la mirada hacía él, pudo ver sus ojos, esos ojos que siempre estaban ocultos bajo el ala del sombrero, leyó en ellos un miedo oculto, un miedo a no saber que pasaría después pero al mismo tiempo reflejaban determinación por protegerla de todo y un sentimiento que de él no se esperaba.-Creo que tú también estás asustado.-le dijo sin dejarlo de ver a los ojos.

-Estoy preocupado por ti.-repuso sin dejar de ver sus ojos, sin dejar de sentir esa oleada de nervios en el cuerpo, sin dejarla de abrazar; sentía su corazón latir cada vez más rápido.-Mira yo… te debo una disculpa.-dijo después de un largo silencio, se separó de ella unos centímetros, tragó saliva.-Fue culpa mía que te metieras en problemas tal vez si yo…

-Solo me ayudaste a huir de ése maldito, no teníamos previstos los problemas surgidos en el camino.-le sujetó la mano.-Si no hubiera sido por ti… seguiría en aquel lugar.-dijo con un gesto de agradecimiento.-No sé como te lo pagaré.

-Mi deber era mantenerte a salvo.-dijo él apretando su mano.-Y aunque no lo fuera lo seguiría haciendo, te di mi palabra.-

Un trueno se escucho de repente.-La lluvia se ha convertido en tormenta.-dijo la joven.-

-Lo mejor será que descanses. Yo me quedaré vigilando la casa.-se quitó el saco y se lo puso sobre los hombros a ella.-Hace frio.-

Cuando él le puso el saco sobre los hombros, algo paso, sin pensarlo se abalanzó abrazándolo y besándolo. Él la abrazo con fuerza, respondió el beso con ternura, el corazón se aceleró de nuevo y sintió tranquilidad, cerró los ojos para escuchar el rumor de la lluvia golpeando contra las ventanas.

Cuando se separaron sonreían, sus corazones latían con rapidez, sus manos temblaban, sus ojos trataban de encontrarse en medio de la oscuridad y ellos se exigían en silencio otro beso, otro abrazo y otra caricia.

Él se acercó a ella, de nuevo la abrazo, le beso la mejilla con cariño aspirando su aroma, ella recargo su cabeza en su hombro y le tomó la mano. En silencio volvieron a besarse, ya no importaba nada, nada, únicamente ellos dos en medio de la noche lluviosa.

Distinta Alegoria. (Derechos Reservados)

(Texto: Lalaith Jigen / Ilustración: Solar Distinto)

Ritmo

Te busco como quien busca un secreto, una verdad, un alivio, una necesidad, un algo que nunca se halla, que jamás se encuentra aún estando en frente, porque ambos nos perdemos en la lucha por que el otro no nos descifre, porque no se entere de las pulsaciones que encarna la cercanía, las ganas de decirlo todo y callar después… pero en un instante se pierde ese deseo, cubriéndolo con control; con cinismo y sarcasmo, con el arma más letal que a veces se tiene: indiferencia y silencio.

Te sigo buscando y me sumerjo en libros, en miradas que me enajenan en la tempestuosa tranquilidad del mundo, que ya no busca, que ni siquiera tiene ganas ni suerte de tener sentido, congruencia o hasta razón; pero me pierdo, en pensamientos que susurran “no busques, él no quiere ser encontrado, él sabrá cuando aparecer; con algún pretexto tonto y absurdo que hace más grandes las ansias de verlo, de saber que al final todo es nada”.

Observo y camino, encuentro cosas y las pierdo de nuevo, pues ¡qué aburrido sería dejar de buscar!, comienzo a correr como pensando que tal vez en esa indómita prisa salgas de algún modo… en una canción, un libro o una frase, pero nada, mi mente se harta y me limito a sólo correr divagando en pensamientos que van desde el nerviosismo del futuro hasta el inocuo vacío de saberte ajeno y lejano.

Pero él es una constante en esta ecuación sin solución donde jamás habrá un resultado absoluto, siempre un resultado que no me satisface… tu mas yo= a veces. Divago y divago comprendiendo que no tiene sentido ser persistente en un pensamiento que no tiene razón de ser, que es sólo eso SENTIDO y que mi divergencia hace adorar y detestar, por mostrarme frágil, cuando quiero ser todo lo contrario.

En fin; esta búsqueda debe terminar mientras haya futuros mañanas y pasadas preguntas que dejan cicatriz, dado que la respuesta fue sólo una brisa que llega, pasa y se va, dejando sólo esa sensación que me hace seguir buscando

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Sueños frescos

Abro los ojos, todavía no es hora

Saco un brazo, solo basta sentir este aire frio de madrugada para volverlo a meter a las sabanas calientitas

Ya no puedo dormir

Solo faltan unas horas para que despierte el día y no hago ruido alguno para despertarlo

Los sueños todavía están frescos en la mente

Me entretengo repasándolos

En la calle se escucha uno que otro coche pasando y por la ventana se filtran los colores de semáforo de la esquina

Ya era martes y no había leído, estamos en clase de estética

La maestra pregunta, se la respuesta, pero mi mandíbula se cierra para no dejarla escapar

–        ¿Quién  sigue en la fila?

–        ¿Para qué es?

–        Hoy es el examen final, caminaremos por la cuerda floja.

Uno tras otro iban pasando jalado por el de adelante y empujado por el de atrás

Sin esperar a que alguno llegase al final

Se escucha el paso matutino del tren a lo lejos.

Era mi turno y hormiguitas subían por mis piernas haciéndolas temblar

No hay tiempo de escapar, el de atrás ya tiene un pie en la cuerda

Uno dos ya falta poco y de repente nada

Ni siquiera la fricción del aire en la caída

Todos caímos y a la vez no había nadie

Caí en la pasta como mosca

Cremocita como la hace mi padre,  me paso la receta pero el sazón no se compara

–        ¡Camarero! Mi pasta tiene una mosca.

–        Es la especialidad del chef.

Se escuchan pasos en el pasillo y la puerta del baño al cerrarse

Ya es la hora de mis compañeras de piso

Ellas tan madrugadoras y mi cama tan aprensiva.

Distinta Alegoria. (Derechos Reservados)

(Texto/Ilustración: Teal Light)